Pagué la reparación con sexo

No podía ser de otra manera, los del gas tenían que venir a casa esa misma mañana, justo en mi horario de trabajo. Pero no hay cosa que peor lleve que no poder ducharme, y sólo el hecho de pensar en el agua fría, me ponía nerviosa. Deseaba mi ducha caliente, y para mi ellos eran mi salvación, más siendo víspera de fiesta.

Yo ya había tenido varios clientes a los que pude más o menos atender cuando sonó el portero automático y me avisaban los técnicos que ya estaban abajo. Corrí a ponerme algo, les abrí y subieron. Esperé en la entrada, dos chicos del este, los dos jóvenes y rubios, entraron y tras comerme con la mirada, les acompañé a la cocina. Les indiqué que cuando acabaran, que llamaran a la puerta de mi habitación, ya que la reparación precisaba de desmotar todo el aparato.

Cogí otra llamada, pero me sentía sucia, no podía imaginar como sería la vida sin agua caliente. Y así, llamada tras llamada, fui notando como sin embargo el olor de mis genitales y el sudor de mi cuerpo, desprendían un hedor desagradable, pero que sin embargo.. tenía su punto erótico.

Ese olor a mujer, que a veces mata el gel mañanero, y que en mi caso, no desapareció con unas toallitas…

Me imaginé como debería estar una prostituta después de una dura noche en un burdel, me lo imaginé y por otro lado me hacía a la idea, mientras comenzaba a tocarme, pensando que era yo una de ellas.

Me ponía en el papel de una lumi de local de carretera con tal entusiasmo que se lo decía a mis clientes, sí, soy tu puta, tu sumisa, si, huele mi coño, lámelo y saboréalo….ellos se sorprendían al principio, pero todos se excitaban de manera bestial haciéndose pajas como monos.

Recordaba y comprendía aquella frase de Napoleón a Josefina que se reflejó en el escrito de un mensajero. “Llegó esta noche a París, no te laves”….ahora si la entendía bien, pero que muy bien…

No dejaba una llamada viva, con todos los que me llamaban les hacía dirigir mis manos a mi pecho, a mi coño, a mi culo, deseaba ese placer sin control, sin besos ni caricias, ese sexo brutal que mi cuerpo me pedía.

Ajena a los técnicos gozaba más que nunca con cada una de las llamadas, sin erotismo apenas, todo pura pornografía. Relataba como lo tenía, como mis pezones cada vez más duros, necesitaban ser comidos, y además como la sed de un sexo depravado me conducía a querer ser penetrada sin pasión. Cual Mesalina con una de sus tropas, así me sentía, hombre tras hombre, todos esperando para que mi coño le sirviera para depositar su semen después de una dilatación atroz….. era una Diosa del placer par todos, y me apasionaba le idea.

La cama estaba desecha por completo, no había gozado más en mi vida profesional, casi llegué a pensar en adoptar este papel todos los días, pero reflexioné por un segundo, estaba perdiendo los papeles, y además por sentirme sucia, no podía ser, pero reconozco que me gustaba la sensación de ser una zorra y follar solo por dinero y disfrute personal…

Pero esa mañana, aunque fuera sólo esa mañana quería hacer realidad mi fantasía, hombres y más hombres, solos para mi…. Satisfacerlos a todos y que dejaran montones de billetes en mi cama tirados sobre ella y en el suelo. Veía ya mi habitación repleta de ellos, pero el placer era más importante, calmar ese ansia de que no parecía tener final..

Mi último orgasmo me había dejado extasiada, aún me temblaban las piernas, y mis flujos inundaban mi lencería…necesitaba esa ducha, a pesar de que por otra parte, mi cuerpo deseaba continuar…

Estaba intentando relajarme un poco, cuando golpearon la puerta de la habitación, no tenía ganas de levantarme, así que pedí que entrarán, y allí estaban los dos rubios, con un papel en la mano, y una sonrisa que dibujaba toda su cara.

Les invité a que pasaran y ni siquiera reparé en que estaba desnuda en la cama. El más apuesto me explicó la avería, pero yo no veía ni los números, así que agarré su fuerte brazo y lo traje hacía mi…

Er joven apuesto, musculoso como que yo deseaba en ese instante que me penetrara de verdad; ser su puta.

Él antes insistió en que debía pagarle, pero yo no me dejaba llevar ya por la razón, sino que deseaba su verga dentro de mi. La quería a toda costa. Quería sentir y ser follada y él era en ese momento el candidato perfecto.

Lo agarré fuerte, se tumbó encima de mi, empezando a comerme el cuello con locura y plantando sus manos sudorosas sobre mis pechos, la excitación fue instantánea…

Le ayudé a quitarse el mono blanco, y debajo de él, se asomaba un rabo que salía de su slip… mi postre.

Lo cogí con las dos manos, como un regalo, y mirándole a los ojos, empecé a metérmelo en la boca, sintiendo unas arcadas repletas de placer. El sé sonreía, me agarraba del cuello para que no pudiera dejar de succionar y yo encantada….de tener hasta casi mi garganta esa enorme verga.

En su idioma le indicó al otro enérgicamente que se fuera…y así lo hizo refunfuñando, pero no me hubiera importado probar con dos a la vez.

Ya por último me dio un fuerte empujón y me tumbó encima de la cama, me coloqué a cuatro patas mientas él se masturba con fuerza, hasta que me la metió por detrás, a perrito, con fuerza y brusquedad, agarrando mi pelo, y prácticamente sodomizándome…

Mi cuerpo se estremecía, como los olores se convertían en el mejor de los afrodisiacos, y pocos minutos después noté su descarga de semen dentro de mi, acompañado de unos alaridos descomunales…

Me folló sin piedad, pero es lo que deseaba.

Después de unos azotes en el culo, se vistió, cogió la factura de la reparación y con un acento del este, me dijo mientras rompía el papel: Esta vez lo cubre el seguro…

Desde aquel día, sólo me ducho por las noches…me gusta el olor a mi.